Nuevamente en el ámbito de Semanario Huellas.

Llegamos al borde  entre dos semanas, siempre acosados por noticias nefastas que nos remiten no solo al caos que tiene que ver con la plata y la economía, sino con cómo el sistema se va apoderando de la mente de los argentinos, haciendo de ellos una piltrafa.

Hoy nos vamos a referir al último gran protagonista del saxo tenor, del bebop y del paso al hard bop. Hablamos de Sonny Rollins. Nosotros no somos de festejar onomásticos ni rendir homenajes, pero, tratándose de quien se trata, nos vamos a dar el gusto de convocarlo.

El coloso del saxo, como bien decía un álbum suyo, fue Sonny Rollins, el último de aquellos héroes del bebop: Coleman Hawkins, Bird, en fin, tantos otros.

Sonny Rollins, que nos acaba de dejar a los noventa y cinco años, lúcido, pero con una fibrosis pulmonar que lo tenía alejado de los escenarios desde 2012

Nació en Nueva York, en una familia nativa de las Islas Vírgenes. Transcurrió allí su primera etapa de vida hasta terminar el colegio secundario en Harlem.

Y en mil novecientos cuarenta y nueve comienza su carrera musical, rodeado de todas estas figuras tremendas de aquella época, incluido Miles, incluido Ornette Coleman con sus innovaciones. Todo eso formó parte de su formación.

En este caso vamos a escuchar su tema tradicional, su estándar más conocido, que no es otro que «St. Thomas».

Sonny Rollins tenía una capacidad de solear con el instrumento de una manera espectacular. Lo hacía basándose primordialmente en canciones simples y populares, pero las usaba solamente como trampolín para sus excepcionales solos.

Y ahora sí, vamos a escuchar «St. Thomas» y vamos a desearle a Sonny Rollins un feliz viaje.

De Sonny Rollins se puede hablar durante horas seguidas, pero lo tienen todo en las redes, incluso mucha más música.

Así que, por ahora, me despido de ustedes. Les deseo una muy buena semana.

Traten de ponerle el pecho a todo esto que nos está sucediendo.

Sean artífices de su propia vida.

No abandonen su espíritu a los males de la época y traten de ser siempre un poco mejores porque, como bien sabemos, este fenómeno colectivo que nos aqueja también tiene un final, y ese final va a ser colectivo a partir de un fuerte trabajo espiritual de cada uno de nosotros.

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