Una doctrina militar que desafía soberanías regionales
Lo que aparentaba ser un simple relevo de unidades militares terminó transformándose en un enfoque militar global totalmente diferente. Eso es lo que ha sucedido con el relevo de la 22.ª Unidad Expedicionaria de Marines (Marine Expeditionary Unit, 22nd MEU), que es una de las siete unidades expedicionarias de los Marines actualmente existentes.
Con dicho cambio han decidido aplicar la doctrina Expeditionary Advanced Base Operations (EABO), traducida como Operaciones Expedicionarias desde Bases Avanzadas, por parte de la recién designada Fuerza de Combate Litoral-24 (LCF-24). A partir del relevo, la 24.ª Unidad Expedicionaria de Infantería de Marina (24.ª MEU) se empeñará como Fuerza de Combate Litoral-24 (LCF-24) bajo la égida del Comando Sur de los Estados Unidos (SOUTHCOM), que mantiene influencia sobre todo el continente.
El origen de esta doctrina nació en 2022 y fue activada en Hawaii. Allí se creó el 3rd Marine Littoral Regiment (3rd MLR). Su misión fue establecer bases avanzadas dispersas en islas estratégicas para negar el acceso marítimo a la flota china.
Ahora, con la justificación de la guerra antinarcóticos, y debido a sus necesidades operativas, instalarán bases avanzadas en costas estratégicas. Dicha fuerza táctica de los Marines trae al Caribe una estrategia diseñada para enfrentar a China y pone sobre el tapete la amenaza a la soberanía de 40 naciones. Ya que la misma conlleva la exigencia de «nodos terrestres» (según modelo de “combate litoral”). Esa necesidad operativa se convierte en un desafío directo a la integridad territorial, forzando a los gobiernos a elegir entre defender su soberanía o ceder ante la presión logística de Washington.
Sucede debido a que, a diferencia de la 22.ª MEU y las demás unidades expedicionarias tradicionales, que operan fundamentalmente desde buques anfibios, a partir del cambio geoestratégico la LCF-24 requiere establecer pequeñas bases avanzadas, móviles y dispersas, equipadas con radares de largo alcance y sistemas de misiles.
La 24th MEU, de acuerdo con la doctrina del Cuerpo de Marines de los EE. UU. (USMC), está organizada como una Fuerza de Tarea Aire-Tierra de Marines (MAGTF) de aproximadamente 1.300 Marines y está estructurada en tres unidades de combate. El relevo de la 22nd MEU por la 24th MEU no implica una simple rotación de una unidad, sino una continuidad operativa con renovación de capacidades, asegurando que la presión expedicionaria se mantenga constante en el hemisferio sur. La logística del combate litoral exige control físico del espacio costero, convirtiendo la cooperación en seguridad en un instrumento de erosión de la soberanía nacional.
Una síntesis del nuevo enfoque de la infantería de marina se aprecia en el plan para desplegar, apoderarse y retener rápidamente terrenos clave críticos dentro y alrededor de los dominios marítimos y luego establecer un punto fuerte que complica y restringe el movimiento de las “fuerzas enemigas”.
El objetivo, una vez hecho, será presentar una estrategia de antiacceso en capas que presente conjuntos de problemas tácticos y reduzca las opciones para cualquier enemigo potencial. A diferencia de otros ejemplos y variaciones de EABO, la visión del Cuerpo para las operaciones se centra en unidades modulares y flexibles, que pueden moverse por el área y operar al unísono con las fuerzas marítimas y aéreas, presentando una fuerza en capas y complementaria, en lugar de estar solas y cumplir funciones estáticas.
En el Caribe, donde al no existir una amenaza estatal convencional, el instalar esta infraestructura militar en territorios soberanos (sea mediante acuerdos bilaterales explícitos o mediante autorizaciones secretas) genera una tensión directa con el principio de autodeterminación de los pueblos. Pero, como sucede desde 1823, a los estadounidenses les preocupan las intenciones expansionistas en América de otros poderes, por lo que, como señaló James Monroe, “América para los americanos”… (del norte, agregaría).
El imponer una red distribuida de bases en esta región choca frontalmente con el derecho internacional público y la autodeterminación de los pueblos. En este caso no se trata de la defensa de la soberanía de EE. UU., como podría proyectarse al desarrollar este esquema con sus aliados en el Pacífico (Japón, Filipinas, Australia). Aquí se trata de proyectar poder sobre la soberanía de terceros, de unas 40 naciones, para combatir un crimen que no respeta fronteras pero que tampoco constituye una amenaza militar estatal. No existe la presencia de la armada de una potencia rival.
Allá, en el Pacífico, sus aliados ven esta presencia como protección ante una posible invasión. Esta doctrina fue diseñada para contener a la armada china en el Pacífico. En el Caribe se transformará en una ocupación blanda o en una militarización encubierta. Con el pretexto de la lucha antinarcóticos, espacios civiles se pueden convertir en objetivos militares potenciales en caso de escalada, con lo que se viola el principio de proporcionalidad y se altera la naturaleza civil de la seguridad regional. Aplican una estrategia de guerra de alta intensidad en un lugar donde no la hay ni debe haber.
La LCF-24 actuará como fuerza de respuesta inmediata en la zona de responsabilidad del Comando Sur. Entre sus tareas se incluye el refuerzo rápido de embajadas, la interdicción marítima contra el tráfico ilícito, la recuperación de personal aeronáutico en zonas hostiles y el apoyo humanitario ante desastres naturales. Se encargará, además, de desarticular redes logísticas de organizaciones narcoterroristas, interrumpiendo sus rutas y capacidades desde múltiples puntos a lo largo del litoral.
Será políticamente insostenible para muchos gobiernos locales poder ser vistos como títeres de Washington o perder su neutralidad. Es que, al no existir una amenaza estatal clara, la justificación de instalar infraestructura militar ofensiva/defensiva en suelo extranjero se vuelve una tarea casi imposible. Y tengamos en cuenta que, pese a su instalación en el Caribe, su “área de cobertura” se extendería desde Ushuaia hasta el sur del río Bravo.
Aceptar estos nodos implica el dilema de transitar entre la necesidad de cooperación en seguridad y la preservación de la soberanía nacional. Mientras que la LCF-24 ha iniciado su despliegue como fuerza de respuesta rápida, su operación va a depender de la voluntad política de cada Estado para definir los límites de esta presencia militar en sus respectivas jurisdicciones. Habrá que ver cómo sigue esta historia.

