El 31 de julio se realizó un nuevo encuentro de la Feria Provincial de las Semillas Criollas y Nativas en la Provincia de Misiones, esta vez en el distrito de Aristóbulo del Valle. La feria constituye un espacio de vida, lucha, reflexión, propuestas, intercambio de semillas y saberes.

Varias veces desde este semanario comentamos que la semilla constituye la base del sistema alimentario y que quienes la posean podrán tomar las determinaciones acerca de qué producir, cómo hacerlo y para quién.

En la feria, organizada por la Red de Agricultura Orgánica de Misiones (RAOM), los productores/as, huerteros/as, yuyeros/as pudimos intercambiar semillas de maíz, porotos, zapallos, hortalizas, esquejes de mandioca, higueras, etc.

Cabe destacar que en cada una de estas especies se intercambian variedades diferentes: maíz amarillo, de ciclo corto, para pochoclo… cada uno adaptado a las necesidades humanas de alimentación, al clima y al suelo.

Entonces, en la feria se destaca la diversidad biológica y cultural expresada en los modos de cultivo de cada vegetal, de conservación de las semillas, de preparación culinaria, expresado por los participantes de la feria provenientes de Argentina, Brasil y Paraguay.

La soberanía es el derecho a decidir, en este caso, cómo y de qué nos alimentamos. Los participantes de la feria nos comentaron que ejercen ese derecho cultivando, seleccionando e intercambiando las semillas que ellos, dentro de la comunidad, deciden hacerlo.

Semillas atesoradas, que van de mano en mano, de generación en generación, de comunidad en comunidad. Semillas que no están en el mercado, con un valor intangible, propio, asociado al sustento de cada familia establecida en un territorio específico.

También participaron productores/as de yerba mate agroecológica, por ejemplo, de los distritos de Montecarlo y Gobernador Roca, quienes de manera asociativa producen, elaboran y comercializan yerba producida respetando las condiciones sociales y ambientales, no solo el manejo del suelo, el agua y la biodiversidad, sino atendiendo a las condiciones sociales de producción, esto es, adecuadas condiciones de trabajo y precios justos incluidos en la economía social y solidaria.

Dentro de la feria se organizaron talleres de formación y discusión de ideas en torno a problemáticas socioambientales: uso de plaguicidas altamente peligrosos (PAP), plantas comestibles del monte, agua y monte y el respeto a la ley de bosques y producción de semillas criollas.

En nuestro caso, animamos el taller de PAP, del cual participaron productores/as agrarios, técnicos de instituciones oficiales y miembros de ONGs de Paraguay, Brasil y Argentina.

Allí compartimos ideas acerca de qué plaguicidas se consideran altamente peligrosos desde sus características y acción en la salud socioambiental. También se contaron experiencias acerca del crecimiento en su utilización en diferentes territorios.

Culminamos el intercambio analizando las posibilidades y limitantes en el desarrollo de la agroecología como estrategia global para reducir hasta eliminar la utilización de los PAP.

Por su parte, el día 1 de agosto, y encadenando las discusiones sobre la producción e intercambio de semillas, un grupo de representantes de casas de las semillas de la provincia y miembros de organizaciones de la sociedad civil dimos continuidad a las discusiones acerca de los procesos de creación, consolidación y relacionamiento de las casas de semillas distribuidas en toda la provincia y en distritos vecinos.

Cada casa de semillas, más allá de la cantidad y diversidad que atesore y de su propia organización, constituye un espacio de construcción política y de acción en torno a la alimentación, con esperanza de que podemos alcanzar los objetivos de vivir mejor en este planeta Tierra.

En cada casa se atesoran las semillas aportadas por cada familia participante, incluso en algunas pueden cultivarse en sus propios jardines y huertas… se tienen a mano… soberanía pura.

En la reunión también se discutió el rol del Estado en relación a la compra de semillas criollas y nativas a productores y sus asociaciones cuando el volumen supera el consumo del grupo.

Allí se analizó el tipo de semilla, los parámetros para asegurar su calidad, el costo y el destino de las mismas, ya sea su venta y/o distribución en el territorio.

En este sentido, las discusiones también abarcaron la distribución, acceso, extranjerización, calidad y acaparamiento de la tierra como bien común natural y espiritual, necesario para que se exprese la potencialidad atesorada en cada semilla.

Sin tierra propia con calidad química, física y biológica, difícilmente los productores puedan cultivar y enriquecer sus semillas.

El tema del hambre también fue abordado como un grave problema ya establecido en el país y de cómo se relaciona con las dificultades de acceder a la tierra y a semillas de calidad, donde el Estado debe ocupar un rol central.

Una frase que resonó fue “cada semilla guarda los sueños de quienes la conservaron”. Nada más cierto.

Aquellos que observaron las plantas, las protegieron, pacientemente guardaron los frutos, obtuvieron las semillas y las atesoran poseen sueños que tratan de convertir en realidad… que las semillas no se pierdan, que podamos continuar ejerciendo nuestros derechos alimentarios, sociales y ecológicos.

Incluso el hecho de guardar una semilla en el bolsillo después de visitar una huerta ya constituye un acto transformador, de apuesta al futuro.

Seguramente cada uno de los participantes, al volver a nuestros territorios, a nuestras casas-huertas, desarmamos nuestras cajas, observamos las semillas, las clasificamos, las almacenamos según su tipo, incluso las sembramos, y seguramente ya nos preparamos para la próxima feria zonal o regional.

Gracias, Vanesa, Enso y Gerardo, y a todos los que participaron de la organización y, una vez más, nos invitaron a participar.

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