¿Qué valores fueron apropiados por la derecha en sus mezquinas recetas fáciles a problemas cada vez mas enredados? Ellos dicen dios, familia y propiedad.

Merece atención el valor de la familia, desde las monoparentales hasta esa red amplia y escudo primigenio que no es considerado por nuestro discurso y práctica política. Los subsidios no son la única respuesta para comprender algo más profundo.

La disgregación de los pibes desamparados en el vendaval del destrato, sin futuro previsible, techo que les permita despegarse, con escuelas diseñadas para una sociedad ordenada, industrial o productiva que no los contiene… las secuelas de la pandemia y su encierro. La informatización de todo. Ni siquiera remitamos ya a la emergencia del insulto como moneda de cambio, la violencia cotidiana como respuesta rápida. Lo cierto es que llueve injusticia y pensamos en galochas.

Y así concatenamos padres sin trabajo formal, la violencia o la adicción para soportar lo insoportable, no poder pensar en destinos, volcando en otra u otras las frustraciones que no podés politizar.

¿De quién es la culpa, quiénes son los responsables de que vivas así? ¿Quiénes ejercen el poder de “darte” una oportunidad, pagan el sueldo, descontrolan precios y servicios para que no llegués a comer?

Hoy el Estado nacional que no responde a sus intemperies desde lo básico de la salud (programas de prevención en escuelas, sólo por citar un ejemplo) hasta la precariedad de la explotación salvaje, como es verlos pedalear hasta la enfermedad. El crecimiento de las adicciones y el descontrol del juego online.

Es mucho para un programa político que puede reducirse a 3 o 4 ejes centrales, pero debe considerar la totalidad del mapa de contradicciones a encarar. Los pasos a seguir para saber por dónde empezar y cómo profundizar los pasos y metas.

Dentro de las tradiciones abisales, la religión y su construcción de identidad, de estructuración de valores viscerales de largo plazo. Y su invisibilidad desde un movimiento que se reconoce católico, que alzó un Papa y reconoce a la Iglesia como interlocutor. Con expresiones como el de los curas villeros, de la opción por los pobres y hasta cuadros capaces de poner el cuero en primera línea por la defensa de los jubilados.

¿Qué nos está diciendo una movilización de 3 millones sin una bandera, sin símbolos que establezcan reconocimiento y definiciones? ¿Por qué sus líderes/as que no se suman a esa expresión popular para escuchar y traducir en poder esos sentimientos, igualitarios como pocos?

Desde el otro lado, en tanto, flamea cualquier salvajada que llame la atención y atraiga votos.

En la calle, la falta de creatividad en la prevención del delito, no sólo por los hechos de corrupción resaltados con pasión por la derecha corrupta, evasora, asesina y mentirosa. Esa misma que alza la inseguridad y pega en la cabeza de cada persona que debe caminar por esa vereda donde hay cámaras y pasan patrulleros, mientras en simultáneo cuida especialmente a los barrios más pudientes.

Pero sentirse seguro requiere de algo más, para lo cual la escuela o la Iglesia no alcanzan. Un poder judicial deslegitimado por la lentitud y el clasismo más repugnante… con un cuerpo policial permeado por la marginalidad, con poco entrenamiento para algo más que disparar primero y ver después. Con especial foco en los débiles y los morochos jóvenes.

¿Cuántos comités de seguridad hay en las villas? ¿Quién escucha de modo organizado a las víctimas para planificar estrategias de cuidado y reparación? ¿Por qué las juntas vecinales o sociedades de fomento no se usan para estimular precauciones mutuas? ¿Alcanza con crear trabajo?

No caeremos en el lugar común necio del “nadie hace nada”. Pero nos falla la inteligencia colectiva de cuidarnos un poco más entre ese nosotros colectivo que llamamos Comunidad.

Y el robo al Estado: por evitar la intermediación con representación barrial o sectorial, se destartaló la red de organizaciones que daban de comer, que conocen el barrio y sus zonas de atención, sus urgencias. El gobierno le habla y trata con ciudadanos individuales sin reconocer sus formas de agrupamiento, sus referencias inmediatas. Veamos sino las bondades de las manzaneras, madrazas que se encargaban de las más desprotegidas y sus hijxs con lo básico del alimento, de la urgencia de salud, del consejo necesario para planificar la familia y protegerse. Con la etiqueta del clientelismo tiraron al puntero y a la organización de base por la alcantarilla. A la vez en cada kiosco público y caja hay parientes, amantes, conocidos y entenados.

Mientras uno solo de los nuestros se guarde un vuelto, hagan negocios privados y vivan por encima de sus vecinos hasta mudarse a Puerto Madero, no lograremos restaurar la autoridad del ejemplo.

En China los fusilan. Los musulmales los mutilan. Nos creemos un poco más civilizados y apostamos a la reeducación, pero si un político roba debiera ser vuelto al fondo de la cola para empezar de nuevo con lo puesto. Y no hablo de nuestros presxs políticos, castigadxs por jugarse por el pueblo. Sino del enjambre de vivxs que cambian de camiseta cuando perdemos un partido o cambia el viento.

Si registramos el dolor del que vive al día, incluso sin llegar a cenar, y marcamos algunas vetas subterráneas que emergen sin interpretación a la hora de construir mayorías, necesitamos reconocer esos dolores que se manifiestan también a la hora de votar.

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