Días atrás, mantuve un bellísimo reencuentro con mi amigo y columnista de Diario Huellas, Roberto Maydana, que vive en Europa desde hace más de una década, actualmente en la lejanía geográfico-cultural de los alpes suizos. Compartimos un desayuno en Morón, y nos dejó algunas definiciones que revalorizan esto que somos, argentinos, ni más ni menos.
Abrazos mediante, el placer del café en un ámbito tranquilo a pesar de tratarse del área central de Morón un día de la semana laboral cerca de mediodía, la conversación se extendió sin prisas, algunas horas, y más allá de la esperable evocación de recuerdos y anécdotas, muchas de las cuales nos unen desde hace casi 20 largos años, le pregunté a Roberto, que es colega y tiene por vocación el don de la palabra escrita, cómo era eso de volver a su terruño, muy de vez en cuando, a través del tiempo y los constantes cambios estructurales que, de algún modo, aseguramos como sociedad… incluso contra nuestros propios deseos e intereses.
«Es necesario volver a nuestra tierra, a nuestros orígenes, a encontrarnos con las personas que nos quieren, y escuchar la realidad en primera persona… hay que cuidarse de los espejos, que no nos devuelven las cosas tal como son».
Aún con plena consciencia de las kilométricas distancias socioeconómicas vigentes entre una vida en el Viejo Continente y el sencillo micro-universo del conurbano oeste bonaerense, Roberto nos deja otro mensaje que nos atañe a quienes vivimos y transitamos estas latitudes: «Se extraña, los amigos, la familia, pero lo que nos marca la diferencia son los pequeños gestos… esos gestos tan simples como un saludo, una muestra de preocupación por la salud de tu hija, marcan la diferencia con Europa… el cariño, la calidez, la amistad, que todavía acá no seamos tanto un mero número… la solidaridad acá es tal que percibo que ustedes la dan por sentada, pero para los que venimos de afuera, es muy fuerte. Siempre comento cuando una amiga, que vive en Inglaterra, se cayó al suelo, se fracturó un pie, y estuvo 20 minutos ahí en el suelo, en plena vereda, mientras la gente pasaba por ahí como si nada»
«Tengo la oportunidad de estar viviendo en un lugar muy caro en Suiza por razones laborales, y puedo confirmar que, quienes más solidaridad aportan, quienes más dan de sí por el otro, son los que menos tienen. Y te llevás en el corazón cosas que perduran para siempre».
Volver, abrazar… y también palpar la crisis que nos aqueja
Coincidimos en que lo que nos salva como sociedad, una y otra vez, es el material humano formidable que aún prevalece al interior del pueblo argentino. «Somos lo mejor que tenemos, la calidad y calidez humana, la capacidad de animarnos al contacto físico, abrazarnos, como contraste al individualismo extremo que ya se ve y percibe por toda Europa… los bienes no necesariamente materiales, los tenemos acá, y ni hablar de los beneficios de la educación pública, la salud pública… y cuando no tenemos todo ello, aprendemos a valorar aún más y sentir la ausencia de esos derechos. Tenemos que valorarnos y querer más lo que tenemos y que hemos sabido construir. Esto que somos»
A continuación, el video completo de la conversación con nuestro columnista habitualmente desde Suiza, pero de reciente recorrida y visita por su Merlo natal.

