La guerra de ocupación y exterminio que lleva adelante el estado de Israel en Gaza es el hecho más dramáticamente criminal de este momento particularmente conflictivo del mundo.
El pueblo palestino está siendo sistemáticamente diezmado por el ejército israelí, mientras sus dirigentes políticos afirman desembozadamente que su objetivo es desalojar vivos o muertos a los habitantes de la Franja de Gaza.
El estado de Israel fue siempre un portaaviones de los intereses imperialistas yanquis en el Medio Oriente, es decir en la civilización musulmana. Siempre contó, para su expansionismo, con el apoyo de los EE.UU. y, parcialmente, de Europa Occidental. La guerra en Gaza se inicia cuando en el corazón de Europa se está librando una guerra entre la OTAN y la Federación Rusa. El objetivo de la OTAN es, en última instancia, una derrota militar rusa que extienda las fronteras de la Unión Europea hasta los Urales, de ser posible, con la consiguiente fragmentación de la Federación Rusa.
El hecho de que Rusia esté destinando su esfuerzo bélico al frente ucraniano ha permitido las criminales tropelías de Israel sin que haya habido una reacción importante de parte de Moscú, que ha estado siempre involucrada en la región. Y esto pese al notable acercamiento que ha tenido con Irán, lo que permite hasta hablar de una alianza estratégica con el país persa. Esta alianza ha permitido que Rusia sea quien logró un acercamiento diplomático entre Irán y Arabia Saudita, acercamiento clave para la región e, incluso, para los BRICS+.
Por su parte, el gobierno de Netanyahu ha tenido mucho cuidado en no tomar partido en la guerra de Ucrania, cosa que, de una u otra manera, Rusia debe agradecer.
El gobierno de Trump, con su acercamiento a Rusia y su afán en poner fin a la guerra de Ucrania y convertirla en fuente de insumos estratégicos, ha tomado distancia de Netanyahu y ha arreglado una paz con los hutíes de Yemen, reconociendo su resistencia y fortaleza. Esto ha despertado las alarmas en el régimen sionista, al sentir que Trump se abre de ese problema y permite la continuidad de la alianza entre los hutíes e Irán, el único país de la región en condiciones de enfrentar bélicamente al expansionismo israelí.
La mayor resistencia al genocidio sionista en Gaza proviene de los movimientos populares europeos que, sistemáticamente, denuncian los horrendos crímenes israelíes y es El Vaticano, a través del Papa Francisco y, ahora de su sucesor, León XIV el estado y, por ende la Iglesia Católica, la voz más estentórea en la denuncia del genocidio.
Un final de la guerra en Ucrania, una consolidación de Rusia como potencia multipolar -después del eclipse que le significó la caída de la URSS- y la confirmación de la alianza ruso-iraní pondrá en aprietos la prepotencia israelí. Y entonces, posiblemente, sea la hora de que los responsables políticos y militares paguen por sus crímenes. Seguramente hay un importante sector de la ciudadanía israelí que acompañará este cambio.

