A finales del siglo anterior, en la década de los 90s se había establecido otro plan económico con más similitudes que discrepancias con el actual. Si bien es cierto que existen falencias políticas previas a la instalación de estos proyectos de expoliación, la ingeniería comunicacional tiene un rol cada vez más importante. Se ha llegado a un punto tal, que importa más la apariencia de verdad que la verdad en sí
En aquella lejana época alcanzaba con que el candidato mintiese sobre sus objetivos, y aclarase, luego de ser electo: “Si hubiese dicho lo que iba a hacer, no me hubiesen votado”. Algo similar ocurrió en 2015.
Por aquellos lejanos años, existía un periodista “reconocido”, Bernardo Neustadt. Desde su programa “Tiempo Nuevo», había creado un personaje imaginario, “Doña Rosa», a quien le explicaba las bondades de las privatizaciones y el resto del plan económico. “Doña Rosa” era la representante popular de la opinión pública.
Si bien el plan estalló por los aires en 2001, “Doña Rosa” quedó prendida en el subconsciente de muchos, y cada tanto parece resucitar su ADN. En 2015, con las promesas de cambio y de que lo que estaba bien no se iba a modificar, los “hijos de Doña Rosa” volvieron a recobrar vida y llevaron de nuevo al gobierno al viejo plan.
La ingeniería comunicacional se ha ido perfeccionando, y fue así como en 2023 el candidato ya no tenía necesidad de mentir en campaña para alcanzar su objetivo.
En ese momento, aparecieron en la superficie de la avanzada libertaria, las teorías de Frank Luntz. Es un experto en sondeos y comunicación política, mercenario de la palabra, y asesor por décadas de los Republicanos estadounidenses. En su momento fue quien advirtió de la desconfianza en el sistema y los líderes: “todo lo que sabíamos sobre política ha dejado de ser verdad” en la era de Trump.
“Dos terceras partes de los estadounidenses no creen que su patria se preocupe por ellos. Una tercera parte no se siente interesado en el futuro de su patria. Eso provoca esta ira, esta decepción y esta polarización que ahora mismo está hundiendo nuestro proceso democrático. Es una situación desastrosa – y es insostenible”, advirtió Luntz.
Aunque parezca algo inviable, transpolemos esos tercios poblacionales a nuestro país en 2023, y correctamente pueden encajarse. Durante treinta años enseñó el Partido Republicano que los hechos no importan: importa el marco mental. Así fue como los libertarios adaptaron sus ideas a la campaña y luego a su gestión. Dos pasos son fundamentales. El primero es cambiar la palabra central del debate. Y el segundo es la inversión del perjuicio. Luntz lo enseñó hace décadas: nunca digas lo que vas a sacar; decí lo que vas a dar.
El caso más claro a observar es la Ley de Reforma Laboral. La Libertad Avanza no busca que el pueblo la entienda. Busca que festeje su propio perjuicio como un triunfo moral contra la casta, en este round de la batalla cultural.
Javier Milei, además, no delega. Repite “casta sindical” en cada presentación y contrapone “trabajadores libres” a “esclavos del Estado”. No habla de “reforma laboral”, dice “Ley de Empleo Joven” o “Ley de Libertad de Contratación”. Relaciona el derecho laboral con costo, con pobreza, con desempleo. El votante internaliza que el defender derechos es defender la pobreza. Y para ser ético, debe aceptar la desregulación.
A todos estos instrumentos comunicacionales se debe agregar una existente vocación argentina por la autodestrucción, y que la mejor sociedad para manipular es la que está arrancada de sus raíces y sumergida. Sumemos que, desde el fondo de los tiempos, el mediopelo argento parece disfrutar de autoflagelarse, cree en los falsos profetas y padece un excesivo individualismo.
Sabe que hasta finales del 2015 podía disfrutar de sus “gustitos”. Pero su problema era ver que los morochos o “marrones” como hoy los definen, podían hacer lo mismo, compartir sus propios gustos. Eso le resultaba intolerable porque él se sentía “diferente”. Entones cree en las promesas de cualquier “figurón”, convencido de que eso le da un sentido de pertenencia a una clase socioeconómica a la que jamás va a acceder.
Siempre van a ser practicantes del “yo no fui” porque se siente ajeno de su responsabilidad en su situación personal. Es consciente, pero se siente culpable por haber votado al peronismo que le permitió acceder a determinadas cosas a las que hoy no puede permitirse alcanzar. Va a seguir su camino, como en 2015 o 2023, detrás de quien le ofrezca sentirse de una clase superior, con tal de evitar darse cuenta de que en realidad es otro pobre más.
Milei y toda su troupe supieron bien leer esta situación, porque eran lo más parecido a él. Por eso lo sigue justificando, aunque aparezcan hechos de corrupción. Es eso, o sentirse abrumado por la posibilidad de que el espejo refleje su imagen de pobre.
Como decía al comienzo, es cierto que existen previas falencias de la política, quizá por inacción, por ocuparse de su propia quintita, o por no saber leer la realidad. Pero en el mediopelo, como siempre, primó el anhelo de lograr un futuro de grandeza personal y no colectiva.
El punto final llega con la célebre frase adjudicada al capo cómico, Alberto Olmedo: “Cuando la clase media está mal, te pide que le tires un salvavidas. Pero cuando está bien, te pide un yate”.

