Previo al derrumbe total de la República, se ha comenzado por la caída estrepitosa de la fe en la democracia formal y demoliberal que hemos podido construir desde 1983 hasta la fecha.
Pero repasemos desde otro lugar. A todos se nos escapó la tortuga la semana pasada, mientras se hablaba –y aún se conserva instalada la cuestión de las roscas para bloquear en el Senado el proyecto de “ficha proscriptiva”, o ficha limpia pregonada e impulsada por decenas de trastes sucios- Jamoncito se atrevió a declarar que los empleados son los que explotan a los patrones, e impugnaron la siempre modesta paritaria de Comercio, lo cual da una muestra de lo mugrientas que están todas las cosas por estas latitudes.
Sin embargo, y yendo al “tema obligado” durante la última semana, desde la noche del miércoles pasado los medios siguen obsesionados con el monumental fracaso de “Ficha Limpia”. Seamos claros por fuera del cada vez más empequeñecido y desteñido mundillo politizado: ¿Algún integrante de nuestra sociedad perdió el sueño por ese debate mediatizado? Vamos, no jodamos. En todo caso, ello verifica una vez más cómo resultan desviados y ocultados los que deberían ser los grandes ejes de la política argentina.
El falso honestismo construido centralmente por los grandes medios, sigue dañando con su mentada cima de la hipocresía, como cuando fraguaron una entrevista en el departamento de Elisa Carrió (¿ya nos olvidamos de estas operetas acaecidas apenas una década atrás, chinwenwenchas?) a un narco falsamente arrepentido, por parte del programa de Jorge Lanata. Se señaló a Aníbal Fernández como “la morsa” a días de la elección que ganaría María E. Vidal. También eso fue falso. Por cierto, ¿Eso habla sólo de la moralidad de los implicados, o también de lo que está dispuesto a creer una porción de la sociedad?
En análogo caso, ¿Ficha Limpia era una aspiración de avanzar en limpieza de corruptos, o apenas obraba en efecto de proscribir a Cristina Kirchner, se opine lo que se opine de ella, desde una institucionalidad que posee como ministro de Economía al mayor fugador de divisas de la historia mundial?
Cuestión que, según se ve en los multimedios, inquieta a aquellos que sostienen la supuesta salud republicana…. Curiosamente esos mismos que portan la tradición de quebrarla.
¿Así se rasga las vestiduras el Pro, gran actor indispensable para que los hermanos presidenciales hayan esquivado, por ahora, toda investigación por la Cripto-estafa? ¿El Pro pasó a ser el indignado, porque los libertarios los traicionaron descarnadamente, comprando a dos senadores de Misiones?
Por cierto, como ya se dijo previamente en otros medios, lo que sucedió el miércoles ya figura en la antología de las zancadillas y de los cinismos parlamentarios. Fue una maniobra que Casa Rosada –digamos todo- operó a la perfección. Milei y sus mandantes no quieren a Cristina fuera de la cancha. La necesitan adentro, competitiva, bajo presunción de que eso agrupará a todas las vertientes de derecha (desde los “ultras” hasta los autopercibidos de centro democrático, eufemismo de derecha con cierto sentido de culpa social) explotando el resentimiento que dejó el gobierno anterior en toda su composición.
Requieren que el “anti-sin-propuestas-serias” continúe siendo la guía prioritaria durante este año electoral.
Dato complementario para volver a desenmascarar el ilimitado cinismo parlamentario de nuestro tiempo: Los misioneros ya estaban arreglados mucho antes de la votación pero destacaron en el acting de fingir apoyo hasta el último momento. Estaban arreglados, tal como antes con la anuencia de los (¿ex?) cambiemitas estuvieron arreglados todos los provinciales que hicieron falta para aprobarle al gobierno cuanta ley o decreto necesitara.
El coro multimediático, hecho gracioso si los hay, esta vez entró por un tubo y prepararon la escena del festejo con morboso e indescriptible placer. La pantalla de TN, con Silvia Lospenatto en el centro del banquete inminente, y enterándose en vivo de la agachada, es ya uno de los momentos más inolvidables de nuestra televisión. A partir de ahí, entre lágrimas de cocodrilo, tanto ella como el propio Mauricio Macri, entre desteñido y adormecido al aire, han escalado tensiones contra el fácilmente inflamable Milei, acusándolo cuando menos, de haberse sentido desilusionados por el mandatario.
Del otro lado del mostrador, la oferta tampoco luce convincente
¿El desenlace de todo este sainete con mucho olor a podrido, influirá en la necia y brutal interna del peronismo bonaerense? Máxime luego de las paupérrimas performances electorales en cuatro provincias el domingo reciente, donde entre otras perlitas señalables, el kirchnerismo duro hizo gala del totalmente reducido poder de fuego –al filo de lo meramente testimonial- que conservan fuera del AMBA, para ser bien específicos en el impacto más genuino de su real área de influencia. Así las cosas, Cristina sigue en cancha, las zancadillas explotan por todas partes al interior del llamado campo nacional popular, y el acuerdo con el gobernador Kicillof no está a la vista. Y aún si ello sucediera, sería con fórceps y a último momento, por lo cual nadie se lo tomaría demasiado en serio.
De todos modos, y en un escenario donde casi la mitad de la sociedad no tiene interés en concurrir a ejercer la formalidad que les va quedando para sentirse de algún modo, parte de un sistema democrático, mientras les cercenan derechos básicos a diestra y siniestra, y es salvajemente reprimida y estigmatizada toda acción de participación popular democrática, decíamos, ¿Milei está tan seguro de que CFK le augura beneficios, si resuelve contender en las urnas?
Miente quien diga que tiene certidumbre en torno a interrogantes como estos. Ni lo que vaya a suceder con la economía y su incidencia electoral, ni la interna del peronismo, ni cómo se compondrá la de los libertarios con el Pro –que tampoco se sabe si seguirá existiendo- ni qué resolverá la Corte acerca de la causa Vialidad, ni casi nada ofrece un panorama despejado… y medianamente libre de mierda.
Roscas, doble varas y sus consecuencias en el humor social
La rosca es inherente a esta actividad largamente analizada y descripta en las páginas de este medio. Y ello es así en Argentina, en las Filipinas, en Francia, en el Vaticano y en todo tiempo y lugar. Los auto-mentados honestistas no son más que una cumbre de la hipocresía, porque no es con esa retórica como se lleva adelante un proyecto serio y que sea ideológicamente honesto. Las circunstancias de la política obligan a superar falsedades “virginales”: “Ser honrado es dar ventaja” le reclama Discépolo a Dios en su tango “Tormenta”, y desde hace 88 años, no le erra ni en una letra.
Asimismo, la clase política no deja de ser el espejo de esa parte de la sociedad que cree en lo que más le conviene, según cada momento y no desde la moral. ¡Pamplinas, la moral! Diría un abuelo con socarrona y desesperanzada risotada. La sociedad cree a partir de sus propias especulaciones y miserias cada día más en aumento, poco menos que desenfrenado.
Sin ir más lejos, se reclamó “limpiar la ficha” justo en días que son aquellos en que el gobierno promueve “asear” los dólares contaminados, que no son los de abajo del colchón: son los de los grandes amigos transas, que accederían a un blanqueo permanente para darle reanimación a una economía en constante deriva, a pesar de todo. Vaya “limpieza” la de la ficha transa…
No le pidan peras al olmo a ese grueso sector de la ciudadanía que anteayer comenzó a demostrar su descontento generalizado, auto-otorgándose la libre voluntad de quedarse en sus casas durante una jornada electoral. Del orgullo cívico con el cual nuestros padres y abuelos tomaban esas fechas, a las ganas de dormir hasta tarde y hacer maratón de series por alguna aplicación y ni preocuparse acerca de quién ganó o quién perdió en las urnas. Síntesis del derrotero construido colectivamente los últimos 40 años.

