El proceso de recuperación democrática iniciado en Argentina en 1983 marcó un cambio profundo en la política institucional y en las relaciones exteriores del país, luego de los años de la última dictadura militar.
Durante el gobierno del presidente Raúl Alfonsín, la política exterior tuvo como uno de sus principales objetivos restablecer la imagen internacional de la Argentina y promover el fortalecimiento de la democracia en América del Sur. En ese contexto, se impulsaron iniciativas orientadas a consolidar la paz, la cooperación y la integración entre los países de la región.
A medida que las naciones vecinas recuperaban sus gobiernos democráticos, comenzó a tomar forma un proyecto de integración regional que buscaba profundizar los vínculos políticos, económicos y sociales entre los Estados sudamericanos.
Un hito de ese proceso se produjo en febrero de 1986, cuando los presidentes Raúl Alfonsín, de Argentina, y José Sarney, de Brasil, firmaron la Declaración de Foz de Iguazú, considerada uno de los antecedentes fundamentales de lo que años más tarde sería el Mercosur. Aquel acuerdo sentó las bases para una mayor cooperación económica y abrió el camino hacia una integración regional con proyección política, social y comercial.
Posteriormente y con el cambio de escenario político durante la década de 1990, lo que llegaron fueron años de turbulencias en la era del peronismo de los 90′ y lo mismo en la actualidad. Con ello se desvirtuaron parte de los objetivos originales del proyecto. En la actualidad persisten prácticas de «politiquería» que priorizan intereses personales por sobre las necesidades sociales, económicas y el fortalecimiento de la integración regional.
