Es una frase dura que empuja al análisis sobre de qué sistema estamos hablando y cómo se lo vence. Sistemas pueden ser el financiero, el democrático, el republicano, dentro de éste el Judicial, el institucional o el establishment, comúnmente denominado Círculo Rojo.
La colonización
En realidad, cuando un país como el nuestro se encuentra bajo un intenso ataque colonial, que avanza demoliendo las estructuras de poder que regían hasta entonces, la trama se complejiza porque nos encontramos ante una desestructuración completa de la Argentina tal cual la conocimos hasta hoy, y que empieza a ser conducida “off shore” por los poderes colonizadores, tan complejos y múltiples como aquello que se está destruyendo.
Democracia limitada
El sistema democrático ha sido condicionado desde su inicio por el Consenso de Washington, que fijó los límites que puso el enemigo para considerar un camino correcto a sus intereses de instituir la dependencia, a través del mercado como ordenador del modelo social y productivo a generar en el país. Fuera de esos límites, la democracia dejaba de ser tal para convertirse en “populista”, “comunista” u otras denominaciones suficientes para ser intervenida y sus protagonistas encarcelados, desde presidentes y funcionarios hasta dirigentes sociales y políticos.
La plutocracia
El sistema republicano fue arrasado por el desconocimiento del Gobierno a la Constitución Nacional y a las leyes reafirmadas por el Congreso, en un acto de desprecio autoritario avalado por un servicio de Justicia que, en cabeza de la Corte Suprema de la Nación, no sólo lo avaló, sino que sirvió de instrumento del lawfare del Departamento de Justicia de los EE. UU. para disciplinar a los pueblos latinoamericanos, encarcelando y persiguiendo a sus dirigentes patriotas y populares.
Capitalismo buitre
El sistema financiero fue y es la base estructural de la dependencia desde 1983, con un modelo basado en leyes de la dictadura militar aún vigentes, como la Ley de Entidades Financieras y la Ley de Inversiones Extranjeras, entre otras destinadas a favorecer la fuga de capitales, el saqueo y los beneficios tributarios al capital extranjero “golondrina”, aquel mecanismo que hace el “carry trade”, ejemplo perverso de la timba financiera.
Una Deuda espúrea
El derrumbe institucional en la gestión de Milei ha sido una constante, tanto por la corrupción en todos los niveles como por el creciente endeudamiento, que tiene fines claros de cercenar soberanía nacional en la toma de decisiones futuras. Por otra parte, ha instalado una metodología espuria de extorsión y compra de voluntades que abarca desde gobernadores, legisladores, intendentes y jueces de todo el país, haciendo de la institucionalidad una parodia, una cáscara sin contenido.
Burguesía antinacional
El Círculo Rojo de empresarios, que nunca eligieron la Argentina como primera opción, ha acumulado fortunas con gobiernos complacientes, corruptos y contratos jugosos. Se negaron a convertirse en burguesía nacional, jugando para los intereses que finalmente los terminan perjudicando localmente, pero les abren puertas en el extranjero. No sienten ni viven la Patria; no les interesa el Pueblo ni el futuro de sus hijos, que seguro irán a estudiar al exterior para regresar y seguir sirviendo a sus intereses y a los de sus nuevos socios, sean del color que sean: pueden ser desde norteamericanos hasta chinos, brasileños o europeos. Todo es igual ante los contratos internacionales, que sumergen la industria nacional y el trabajo argentino, abriendo las puertas a las importaciones sin criterio.
Una lucha épica
Será duro derrotar semejante posicionamiento del enemigo, en especial cuando dentro de las propias filas del movimiento nacional y popular se hacen plegarias para garantizar la preservación de los marcos supuestamente “institucionales” que están destruyendo la Patria, en un ejercicio metodológico “políticamente correcto”, bajo la mirada atenta del enemigo: EE. UU., Israel, Inglaterra, la OTAN, el FMI, el Banco Mundial y otros organismos de la posguerra del ’45, en un mundo que ya no es y que audita cada movimiento nuestro, amenazando cualquier desviación a sus órdenes coloniales.
Estructurando el coloniaje
Pero lo más duro de resolver a futuro será la consolidación de la extranjería en suelo patrio, la malversación de los recursos no renovables, la fuga millonaria de divisas y la posible fragmentación territorial, además del desembarco de bases militares de EE. UU./OTAN y de asentamientos de millares de extranjeros, con beneficios que los argentinos y latinoamericanos residentes no tienen. Agregando lo ya sucedido con los glaciares, el río Paraná y la Hidrovía, la destrucción de ARSAT, CNEA y CONICET, la intención de entregar el Puerto de Ushuaia a los Marines, los asaltos a los recursos previsionales del Fondo de Garantía de Sustentabilidad, el desfinanciamiento de las obras sociales sindicales y provinciales, el ataque a la salud y la educación públicas, con la consiguiente destrucción de las capas medias sociales y un concepto de exclusión social estructural para manejo colonial de beneficencia.
Comunidad organizada: La respuesta
El pueblo, como sujeto histórico, está siendo atacado en su identidad y en su memoria, como forma de naturalizar en las futuras generaciones la dependencia, borrando así la continuidad histórica del legado de la comunidad, tanto social como familiar, que constituye la base misma de construcción de objetivos comunes, como son los patrios, también los sociales y familiares. Ese diseño del coloniaje cultural y social se lleva a cabo con precisión quirúrgica desde los centros de poder, con control de medios y redes que van conformando nuevas subjetividades, que llevan a la subordinación antes que a la lucha por la liberación.
Ante este cuadro de situación nacional e internacional, frente a un gobierno que ha hecho de la entrega patrimonial, histórica, económica y moral una política de Estado, arrasando cada uno de los instrumentos soberanos del país que brindan futuro a las futuras generaciones como Argentina, no como colonia norteamericana o israelí, o de cualquier otra parte del mundo, el pueblo argentino debería plantearse cuál es su camino: si lo es la sumisión o es la liberación. Ambos casos constituyen definiciones de proyectos de vida para las generaciones que vendrán, ya que la lucha por preservar nuestro país del coloniaje será dura, difícil y dramática por los poderes que están detrás de estas maniobras del gobierno por destruir nuestro patrimonio cultural, económico, político, geográfico e histórico.
Luchando venceremos
No es una decisión fácil, ya que la mayoría del pueblo argentino lucha por sobrevivir. Por lo tanto, es responsabilidad única de los dirigentes y las militancias del campo nacional y popular sembrar el camino, sin dogmatismos ni sectarismos, abandonando el canibalismo interno, construyendo mayorías políticas con objetivos comunes de Patria, recuperando el sentimiento patriótico que fortalece al Movimiento Nacional y Popular en su lucha contra los objetivos imperiales de cualquier tipo.
No se trata sólo de nombres; son objetivos estratégicos comunes. Se trata de recuperar ilusiones, esperanzas y utopías que motoricen las mochilas militantes con la alegría de una épica que debe ser urgente en su concreción, sin esperar ni especular con tiempos institucionales, que nos pueden dar escenarios de una Argentina dividida, devastada y fragmentada por la acción del enemigo antes de que sea tarde y se profundice la dependencia.
