La directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, desembarcó en la Argentina con una agenda que pareció más cercana a una inspección de cumplimientos sobre un virreinato que a una visita protocolar.

Tras reunirse con el ministro de Economía, Luis Caputo, todo el equipo económico y participar de una reunión de gabinete encabezada por el presidente Javier Milei, la titular del organismo internacional no escatimó elogios para el programa económico oficial.

«El país va por buen camino», aseguró Georgieva, quien además alentó al Banco Central a seguir comprando dólares para fortalecer las reservas. También descartó la necesidad de una nueva asistencia financiera al considerar que la Argentina podrá afrontar sus compromisos de deuda. Sin embargo, reconoció que persisten problemas estructurales, como el deterioro del mercado laboral y el crecimiento de la informalidad, que afectan directamente los ingresos de millones de familias.

Caputo celebró las definiciones de la funcionaria y destacó la «excelente relación» con el Fondo Monetario Internacional, asegurando que la confianza del organismo en el programa económico se consolidó incluso en los momentos más complejos. El encuentro terminó con la entrega de una camiseta de la Selección Argentina con el número 10, una postal que resumió mejor que cualquier comunicado el clima de cordialidad entre quienes diseñan el ajuste y quienes certifican que se esté ejecutando correctamente.

Mientras tanto, fuera de los despachos oficiales, el recibimiento fue bastante menos amable. La Junta Interna de ATE del Ministerio de Economía difundió un duro documento en el que advirtió a Georgieva que no encontraría «alfombra roja ni pétalos de rosas». Los trabajadores denunciaron la pérdida del poder adquisitivo de los salarios, responsabilizaron al Fondo y a los países que integran su directorio por los programas de ajuste aplicados en la Argentina y reclamaron el fin del tutelaje económico que condiciona las políticas públicas.

La protesta se trasladó también a las inmediaciones del Palacio de Hacienda bajo la consigna «Malvenida Georgieva», donde organizaciones sociales, sindicales y políticas rechazaron la presencia de la titular del FMI con banderas y consignas contra el pago de la deuda externa y los recortes en salud, educación, discapacidad y universidades públicas.

En ese contexto, la diputada nacional Myriam Bregman sostuvo que la visita tuvo como objetivo verificar si el Gobierno «hace los deberes económicos de saqueo y entrega», cuestionando el grado de subordinación de la política económica argentina a las exigencias del organismo internacional.

Y como si el viaje necesitara una demostración práctica de obediencia, el Gobierno nacional publicó el Decreto 655/2026, mediante el cual redujo un 58% la estructura de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). El organismo pasó de 645 a 272 cargos bajo el argumento de reducir el «sobredimensionamiento» y agilizar su funcionamiento. El ajuste se suma a un centenar de despidos concretados semanas atrás y representa un nuevo golpe para uno de los organismos científicos y tecnológicos más estratégicos del país.

La agenda de Georgieva continuará en Vaca Muerta, acaso su tesoro más codiciado, donde recorrerá el bloque Loma Campana junto a autoridades de YPF y representantes del sector petrolero. Pero el mensaje político de su paso por Buenos Aires ya quedó plasmado: el Fondo aprueba, el Gobierno ejecuta y la motosierra vuelve a caer sobre las capacidades estratégicas del Estado. Porque, al parecer, en el manual del buen alumno no figura cómo generar más desarrollo, más ciencia o más empleo; alcanza con cumplir los deberes, aunque el precio lo termine pagando la sociedad argentina ad infinitum.

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