Además, cuestionó el caos en aeropuertos, las condiciones de los centros de entrenamiento y – más grave aún – las detenciones arbitrarias de personas que forman parte del torneo.

En paralelo con sus declaraciones, y como dando certeza a sus expresiones, se hizo público un video en el que se veía el entrenamiento de la selección de Senegal en un terreno en más que pésimas condiciones.

Los grandes medios corporativos no se interesaron en estos temas. Algo que si hubiese sucedido si el campeonato tuviera su sede en algún país de Asia, de África o del resto de América.

Suscitaba curiosidad el medio “USA Today” que estimaba que su país “padecía la derrota más grande en la Copa Mundial”. Y esto, ya que la misma es una oportunidad única para que el país anfitrión «demuestre sus mejores cualidades» y se acerque al resto del mundo, pero los estadounidenses no aprovecharon esta oportunidad, mostrándose en su peor aspecto.

La columnista deportiva del periódico, Nancy Armour, indicó que la Copa se vio empañada por una serie de incidentes desagradables, incluidos los precios inflados de las entradas, que los aficionados comunes no pueden permitirse. Además, a algunos atletas, espectadores y árbitros se les negó la entrada a Estados Unidos.

“Nos mostramos como una nación codiciosa y llena de odio, cuyos líderes están dispuestos a aceptar el mundo solo como quieren verlo, no como realmente es. … En lugar de permitir que la Copa Mundial nos uniera, la usamos como excusa para la división”.

Su columna de opinión, muy viral, generó un fuerte debate en los medios estadounidenses, y profundas críticas por parte de los medios corporativos afines al actual gobierno de su país. Afirmaban que era una crítica política (más allá de que ellos ignoraban la realidad de los hechos), cuando señaló los siguientes problemas de organización:

Restricciones de visado: Se critica duramente la decisión del gobierno de Donald Trump de negar la entrada a figuras como el árbitro somalí Omar Artan. También señala las enormes dificultades logísticas impuestas a la delegación de Irán, la cual tuvo que trasladar su campamento base a México a último momento.

Precios desorbitados de las entradas: La columna denuncia que el costo de los boletos (con quejas locales sobre entradas para la final que rozan los 6,000 dólares) está excluyendo a los aficionados comunes, transformando el torneo en un evento exclusivo para élites corporativas.

Pérdida del espíritu global: La autora concluye que el país prefirió actuar como un «guardaespaldas» (bouncer) en lugar de un anfitrión hospitalario, mostrando al mundo su peor faceta.

La selección masculina de EE. UU. podría hacer una carrera históricamente profunda y el torneo podría estar lleno de goles maravillosos y partidos fascinantes. No cambiará el hecho de que nos hemos mostrado como una nación odiosa y codiciosa, donde los líderes solo están dispuestos a aceptar un mundo como ellos quieren verlo en lugar de como realmente es, y el amor por el juego se explota por dinero. Ese será el legado, y la vergüenza, de esta Copa del Mundo.

“Cuando organizas una fiesta global, significa que debes dar la bienvenida a todos, no solo a aquellos que te agradan. No es necesario que te alegre la llegada de los iraníes o de un árbitro de Somalia. Pero debes mostrarles el mismo respeto que a las personas, digamos, de España o Argentina. Ni siquiera con eso pudimos”.

Por su parte, Infantino había minimizado la hostilidad hacia el equipo de Irán, caracterizándola como un triunfo que incluso estén participando cuando su trato ha sido vergonzoso.

Al minimizar la decisión de Estados Unidos de negar la entrada al árbitro somalí Omar Artan, volvió a actuar de la misma manera. Artan, que arbitró partidos de clasificación para la Copa del Mundo y la Copa del Mundo Sub-20 el año pasado, es una de las varias personas que fueron rechazadas en la frontera de EE.UU. por más que dudosas razones.

Por otro lado, cuando le preguntaron al presidente Donald Trump sobre los rechazos, respondió: «Estamos trabajando muy de cerca para asegurarnos de que las personas adecuadas entren en nuestro país”. Así mismo, el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, expresó en una entrevista: «esto es anatema a lo que se supone que debe ser este torneo». «Si ni siquiera podemos permitir que los jugadores, los equipos y los periodistas que cubren esos equipos vengan a este país, surge la pregunta más amplia sobre nuestro compromiso con el espíritu de este torneo», agregó después.

Los aficionados comunes se quedan fuera de la Copa Mundial

Ese compromiso con el espíritu de la Copa del Mundo ha sido sospechoso desde que los precios de las entradas fueron tan altos que son casi imposibles de pagar para los aficionados comunes.

Lo que hace que el fútbol sea el deporte más hermoso es que es accesible para cualquiera. Tu raza, tu etnia, tu género, tu religión, tu estatus socioeconómico – nada de eso importa. Mientras tengas una pelota y un poco de espacio, puedes jugar.

La Copa del Mundo debería reflejar eso. Pero este torneo se está perfilando para no ser diferente al Super Bowl o la Final Four, una «experiencia» más en la lista de deseos del mundo corporativo.

La frutilla del postre, o la estocada sarcástica del coro de voces,  fue producida por la reacción de la embajada de Irán en Ghana ante los obstáculos por parte de EE. UU. para la celebración de la Copa del Mundo. El texto difundido decía: «Querida FIFA, ustedes le confiaron la organización del Mundial a un país que bombardea estadios, aparta a árbitros, detiene a jugadores, les niega el acceso a los aficionados y registra a los deportistas en la pista de aterrizaje con perros rastreadores».

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